Nuestro Director de Botánica, Stephan Scholz, nos acerca al mundo de los aloes de invierno

Sábado, 20 Enero, 2018

Hay una enorme variedad de especies de Aloe, más de 560. Cualquier número exacto que se dé, quedará desfasado en cuestión de meses o a lo sumo pocos años, porque a menudo se encuentran y describen científicamente nuevas especies, tanto en África como en Madagascar y la península Arábiga, que son las áreas geográficas en la que viven áloes de forma natural. Esto no quiere decir que no haya áloes creciendo silvestres en otras partes del mundo de donde no son nativos. Han sido llevados hace siglos a América, Asia y Australia. Allí se han extendido algunas especies, y también tenemos asilvestradas varias clases de áloe en Canarias. Entre ellas, la más frecuente es Aloe vera, muy conocida debido a sus aplicaciones medicinales y en cosmética. La sábila o pita-aloe, como se le llama en las islas, se encuentra aquí tanto cultivada como asilvestrada y fue utilizada por la gente de campo mucho antes de que se plantara comercialmente.

Entre estas numerosas especies de áloe hay un amplio grupo que florece en invierno, y otro que lo hace en verano. También hay especies que emiten las flores en cualquier época del año.

Vamos a presentar esta semana algunos áloes que están en flor ahora, durante los días más cortos del año, y que pueden verse en el Jardín Botánico de Fuerteventura Oasis Park. Son nuestros “áloes de invierno”. Los presentamos con sus nombres científicos, porque muchos no tienen un nombre específico en español.

Aloe arborescens

Éste es uno de los áloes más frecuentemente plantados en Canarias. “Arborescens” quiere decir “en forma de árbol”, pero claro, esto es solo en relación con otras especies de áloe más pequeñas. En realidad, es un arbusto muy ramificado que puede alcanzar 1,5 – 2 m de altura, con hojas alargadas y curvadas que tienen el bordes espinosos.

Puede verse en jardines, avenidas y rotondas de carretera. Originariamente proviene de Sudáfrica, donde es una de las especies de áloe más ampliamente distribuidas, y de Mozambique, Zimbabue y Malawi. Vive en laderas rocosas cubiertas de matorrales, desde el nivel del mar hasta casi 3000 m de altura.

Aloe aculeata

Este áloe también viene del sur de África. Al contrario de Aloe arborescens, es una planta no ramificada que con el tiempo puede desarrollar un corto tronco tendido a lo largo del suelo. Las hojas se disponen en una roseta y tienen pequeñas púas en toda su superficie. Estas púas también las tienen otras especies como Aloe marlothii y Aloe ferox, de las que puede distinguirse con un poco de práctica. Una característica de Aloe aculeata es que las hojas siempre van curvadas hacia arriba y no se extienden hacia los lados como en las otras dos especies nombradas. Ahora mismo, tenemos el Aloe aculeata en flor en el Jardín Botánico.

Aloe vera

También el superconocido Aloe vera florece en invierno.  Podemos ver grandes cantidades de estas plantas, alineadas en fila y cada una con su espiga de flores amarillas, en las plantaciones comerciales que hay en varias partes de Fuerteventura. También crece en muchos jardines y llega a asilvestrarse cerca de lugares habitados. El origen de Aloe vera es incierto, aunque se cree que podría proceder de la parte sur de la península Arábiga. Se emplea desde hace miles de años como planta medicinal.

Aloe vaombe

Esta es una de las más de 80 especies de Aloe que hay en Madagascar. Crece en laderas rocosas de los bosques secos del sur y suroeste de esta enorme isla. Suele producir un solo tronco, sin ramificaciones laterales.

Sin duda, es uno de los áloes más bonitos cuando está en flor. Las inflorescencias son densamente ramificadas y tienen flores de color rojo intenso que contrastan con el azul del cielo de invierno. Aloe vaombe suele producir una buena cantidad de semillas, lo que no hacen todas las especies. Aloe vera por ejemplo casi nunca las tiene y se multiplica por las pequeñas plantas que van saliendo en la base.

Aloe bulbillifera

Aquí tenemos una curiosa especie, también de Madagascar. Es uno de los pocos áloes que forman pequeñas plantas en la inflorescencia, igual que lo hacen las piteras. En cambio, nunca le hemos visto semillas. La inflorescencia aparece a finales del otoño y las plántulas van creciendo durante el invierno. Cuando llega el verano, han alcanzado un cierto tamaño, tienen pequeñas raíces y caen al suelo, donde enraízan.

Aloe striata

Este áloe sudafricano es uno de los pocos que no tiene ningún tipo de pinchos o púas en sus hojas: éstas son completamente lisas tanto en la superficie como en los bordes y presentan bonitas estrías longitudinales de color claro. La inflorescencia es ancha, como aparasolada, y consta de cientos de flores de un vivo color naranja. Como casi todos los áloes, es fácil de cultivar: necesita sol, un suelo permeable y riegos moderados.

Aloe wickensii

Otro áloe del sur de África. Tiene cierto parecido con Aloe vera, con sus hojas en una roseta basal, pero éstas son más oscuras y un poco ásperas, y las flores tienen color naranja o rojo oscuro. No es una planta frecuente en cultivo, al menos en Canarias, pero puede verse en nuestro jardín botánico.

Aloe thraskii

En Sudáfrica llaman a esta planta “áloe de las dunas” porque crece en arena cerca de las playas. Desarrolla un tronco y puede medir más de 2 m de altura. Las hojas son largas y curvadas hacia abajo. No es necesario plantarlo en arena, porque crece perfectamente también en tierra normal.

Aloe x principis

Por último, les presentamos una planta que es un cruce entre Aloe arborescens y Aloe ferox. Se suele llamar “principis” y el signo “x” delante de la segunda parte del nombre latino nos dice que se trata de un híbrido, un cruce entre dos especies. Es un “por”, no una “equis”; es decir: Aloe arborescens por Aloe ferox.  Ocurre de forma natural en Sudáfrica, allí donde los padres ocurren juntos, pero también se ha producido artificialmente en cultivo. Es uno de los áloes más espectaculares cuando está en flor.